Y SI VIAJAR FUERA OBLIGATORIO?

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…nos daríamos cuenta que el mundo no es ni tan grande, ni tan peligroso, ni tan inalcanzable como nos quieren hacer creer. Desmentiríamos lo que los medios masivos de comunicación nos cuentan acerca del mundo y comprobaríamos que en hay más gente buena que mala, pero claro, una caricia hace menos ruido que una bomba.

…descubriríamos que hay un idioma universal, que no tiene alfabeto, ni conjugaciones verbales, ni raras pronunciaciones. Lo tenemos incorporado desde que nacemos, y nos va a permitir comunicarnos en cualquier parte del mundo

Hoy se me ocurrió, por esas curiosidades de la vida, buscar en el diccionario la palabra “viajar”. Voy a la página de la Real Academia Española y me encuentro con una sorpresa…

viajar.

  1. intr. Trasladarse de un lugar a otro, generalmente distante, por cualquier medio de locomoción.
  1. intr. Dicho de un vehículo: desplazarse siguiendo una ruta o trayectoria. Los cohetes viajan a gran velocidad.
  1. intr. Dicho de una mercancía: Ser transportada.
  1. tr. p. us. Dicho de un viajante: Efectuar su ruta para vender o promocionar sus mercancías. Antes me dedicaba a viajar alpargatas.

Leí las definiciones una y otra vez, como en busca de una quinta descripción que se acercara un poco más a la realidad, pero nunca apareció. Seguramente la persona encargada de escribir el diccionario nunca tuvo la oportunidad de viajar.

Fue en ese instante cuando dejé la compu a un costado y me fui de viaje a otro planeta. No importa bien donde, pero sí que estaba mirando a la Tierra desde afuera. Me puse a pensar qué pasaría si todos los habitantes del mundo –absolutamente todos- tuvieran la posibilidad de viajar durante un año seguido por varios países donde la gente hable un idioma totalmente desconocido, profese una religión que ni siquiera habían escuchado que existía, y cocine con ingredientes que no puedan reconocer.

…nos daríamos cuenta que el mundo no es ni tan grande, ni tan peligroso, ni tan inalcanzable como nos quieren hacer creer. Desmentiríamos lo que los medios masivos de comunicación nos cuentan acerca del mundo y comprobaríamos que en hay más gente buena que mala, pero claro, una caricia hace menos ruido que una bomba.

 

…descubriríamos que hay un idioma universal, que no tiene alfabeto, ni conjugaciones verbales, ni raras pronunciaciones. Lo tenemos incorporado desde que nacemos, y nos va a permitir comunicarnos en cualquier parte del mundo.

…aprenderíamos a dar, y también a recibir. La vida está compuesta por ciclos, y todo lo que va… vuelve. Como dice la canción de Jorge Drexler “cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da. Nada es más simple, no hay otra norma, nada se pierde, todo se transforma”.

 

…desaparecerían las diferencias. Nos daríamos cuenta que por más que todo lo que está en la superficie sea diferente -casa, comida, color de piel, idioma- la escencia del ser humano es siempre la misma, esté dónde esté.

 

…nos encontraríamos diciendo “gracias” más veces de lo que estamos acostumbrados cuando no viajamos. Justamente porque al viajar uno constantemente está recibiendo ayuda de un desconocido, gracias va a ser la primer palabra que aprendamos en cualquier idioma. Los pequeños gestos terminarán siendo los más grandes.

 

…aprenderíamos a vivir con menos. Todo lo que necesitemos va a estar dentro de una mochila. Viajando uno se da cuenta de todo lo que le sobra cuando está en casa. En una época donde el capitalismo se encarga de hacernos creer una falsa realidad, al viajar vamos a volver a tener los pies sobre la tierra y descubrir lo que realmente es necesario.

 

…recibiríamos educación de la mejor universidad del mundo. Aunque algunos siguen creyendo que viajar es una pérdida de tiempo, la realidad es que lo que se aprende en la ruta no está en ningún libro. Es tener una clase de geografía/historia/economía/política/sociedad/marketing/idiomas/etcétera, en vivo y en directo. Viajar te hace crecer… en todo sentido.

 

Tal vez viajar no debería ser obligatorio, porque si así fuera la gente se vería obligada a hacerlo contra su propia voluntad y perdería interés. Pero viajar debería ser incentivado. Los beneficios de viajar deberían ser difundidos como los de una alimentación sana o hacer deporte. El incentivo a viajar no se debería limitar a lo que nos muestran las agencias de viaje o las campañas de turismo de un país, orientadas a que gastemos lo más posible, sino como parte de la educación a la que todos deberíamos tener acceso.

 

Y nos quedamos con lo que la otra noche hablábamos con unos viajeros de Estados Unidos, a los que les comentábamos acerca de los pocos viajeros de su nacionalidad que habíamos conocido en relación a otros países.

 

“El gobierno nos incentiva a unirnos a la armada. Nos paga por eso, hace mucha publicidad al respecto y nos trata como héroes. Pero ¿que pasaría si toda esa plata que invierten en lavarnos la cabeza la usaran en motivarnos a viajar? … se terminaría el negocio más grande y triste de la humanidad.”

 

¿QUÉ ESTÁS ESPERANDO PARA HACER DE TU VIDA UN VIAJE?